Amnesia

En política no se puede vivir de las rentas, ni de los éxitos conseguidos en el pasado. Muchas personas han alcanzado la condición y el estatus actual gracias a políticas sociales desarrolladas durante años de democracia. Se ha pasado a una situación de bienestar del que se disfruta hoy en día, gracias a una larga lucha por más derechos y libertad.

Sin embargo cuando ya se ha conseguido dicho estatus rápidamente se olvidan los principios y motivos por los cuales ha mejorado la sociedad. Quizás se debe cumplir aquel viejo principio de que “aquellos que olvidan la historia, están condenados a repetirla”. Un alcalde amigo me contaba que un día paseando por el parque oyó a unos vecinos insultarle porque había varias farolas fundidas y no estaba suficientemente iluminado; me comentaba que ese parque era antes un vertedero, que había conseguido transformar.

Esto es sólo una muestra de la falta de memoria y reconocimiento de éxitos pasados. Siempre es necesaria una mejora continua, olvidando siempre de dónde venimos, sólo importa el presente. Cualquier retroceso siempre será objeto de crítica, porque psicológicamente, como siempre decimos, todo el mundo está preparado para mejorar, pero en sentido contrario jamás. La historia nos dice sin embargo, que existen ciclos de auge y de crisis que vienen dados por el propio sistema.

En otras épocas las crisis eran de tipo local y con soluciones también locales mientras que en la actualidad se ha pasado, debido a la globalización,  a estar fuera del control de las naciones, lo cual es más grave porque los estados no están para nada organizados ni coordinados y tampoco hay voluntad de ello, por mucho que se llenen la boca de grandes discursos. Al final se ha demostrado que cada estado, a nivel mundial, busca su propio beneficio, especialmente aquellos cuyas grandes corporaciones y especuladores marcan el rumbo.

Cuando descendemos a aquello que puede hacerse a nivel local, en un escenario de crisis sin cambiar el sistema que lo ha provocado, la autonomía es bastante limitada, puesto que siempre se está a expensas de lo que marcan los tiempos. Sin embargo es posible generar ideas, estados de opinión y formas de hacer, con la esperanza que puedan cambiar de alguna forma las cosas, pues a pesar de los grandes intereses, la ciudadanía es la parte nuclear de todo el sistema.


Éste es un proceso de legitimización democrática que no interesa a los especuladores e intereses, incluso con poder para generar opinión pública. En la medida en que los políticos y la política estén más desacreditados, los especuladores tendrán las manos libres para hacer y deshacer a sus anchas.

Sin el control político la ciudadanía quedará más expuesta y los mercados o demagogos serán los que marcarán el paso en lo sucesivo según sus reglas, fuera del control legítimo y democrático del pueblo. Si la ciudadanía no es consciente y olvida todo esto colaborará de una forma pasiva a que esto ocurra; evidentemente esto no significa un cheque en blanco, sino todo lo contrario máxima exigencia desde la lealtad.

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