La sanidad y la educación en la diana.

En España estamos asistiendo al comienzo del ataque a las políticas públicas de sanidad y educación en regiones donde las apuestas políticas van hacia lo privado. Llama la atención la declaración de sus dirigentes arropados por los medios de comunicación afines, diciendo que no recortan, ¿recortar? ¿recortar nosotros? ¡que va! ¡para nada!, la mentira y el cinismo salen gratis en esta aturdida sociedad en crisis. Hablan de herencia recibida y ¿en Madrid? y ¿en Galicia? y ¿en Valencia?…., más bien en lugar de herencias hablemos de creencias políticas.

A estos funcionarios “a todos/as, no sólo a sanitarios y educadores” ya se les recortó una parte importante de su sueldo, que no les gustó, pero se entendió porque comprendieron que en una crisis tan profunda como esta debían hacer sacrificios. Sin embargo ahora se les vuelve a dar una nueva vuelta de tuerca, pero no pidiéndole sacrificios por igual como antes, sino señalándoles con el dedo como culpables de ser educadores privilegiados, como si fuese  vergonzoso ser lo que han sido siempre. Esto no es ni presentable ni mucho menos aceptable, las imágenes de las manifestaciones en contra de estas medidas tanto de funcionariado como de usuarios/as serán cada día mas frecuentes, aunque en ellas estén personas que inconscientemente las votaron sin saber las consecuencias que ahora están pagando.

Si hay dos cosas que caracterizan el estado del bienestar estas son la sanidad y la educación (además de las pensiones y la cobertura por desempleo) que garantizan la protección contra la enfermedad y contra la ignorancia. Además también garantizan que un país tenga capital humano sano, formado y productivo, así como preparado y capaz de adaptarse a nuevas necesidades y generar progreso.

Estas políticas en contra de lo que piensan algunas corrientes de opinión no es un gasto sino una inversión que garantiza nuestro futuro como sociedad, pues una sociedad de ignorantes y enferma no tiene ningún futuro. Dejaría en la cuneta a un sector importante de personas productivas y sólo disfrutarían de este bienestar aquellas personas que pudiesen pagárselo, y habría sanidad y educación de segunda para los demás. Se convertiría algo que ahora es universal y solidario para nuestros niños y enfermos en un negocio para que unos pocos amigos se hagan ricos. A este negocio en educación se le llama “libre elección de centro” un eufemismo que justifica de camino destinar dinero público a centros privados, porque en comunidades como Madrid mientras se recortan 80 millones a la enseñanza pública, se dan 90 millones en exenciones fiscales a las familias que llevan a sus hijos a colegios privados.

Estas dos políticas en contra de lo que algunas personas piensan no son gratis, sino que las pagamos entre todos con nuestros impuestos (no confundir público con gratis). Desmontar estas asignaciones simplemente significa que el dinero asignado a estas dos partidas se destinaría a otras cosas, con lo cual su carácter es sobre todo ideológico y la crisis es la coartada. Es cierto que la crisis económica obliga a hacer números y replantearse muchos gastos, pero no durará para siempre y si hay que renunciar a muchos gastos estos no deben ser las políticas sociales.

Dentro de las estrategias para justificar estos recortes, además de la crisis, está poner en cuestión la labor de a sus profesionales, cosa que en toda la democracia nunca se había planteado. Este ataque se basa en recurrir a los más bajos instintos de la población y erosionar la imagen pública de los profesionales de la salud y la enseñanza que gestionan lo más delicado de nuestra sociedad, nuestra salud y la educación de nuestros menores. Los resultados de todo esto no serían gratuitos pues la consideración social de un profesional lo dan sus condiciones de trabajo, en el fondo deteriorarlos lleva a no garantizar una calidad en el servicio y ante esta desconfianza, optar por pagar para garantizarla.

El ataque a sus condiciones de trabajo proviene ideológicamente de aquellas personas elitistas que consideran que no todo el mundo debe ser igual y debe haber una educación y sanidad de primera y otra de segunda. Consideran que, como pueden pagárselo, sólo lo privado debe tener esas condiciones y si no las tiene, en lugar de luchar por mejorarlas prefieren que nadie las pueda tener. Consideran que los funcionarios no han contraído ningún mérito para serlo, que son unos privilegiados (durante la burbuja sólo eran humildes asalariados, pues cualquiera sin la más mínima formación ganaba más que un catedrático). Son los mismos que justifican sueldos millonarios de una pequeña parte de la población porque trabajan en empresas privadas (aunque tengan menos méritos objetivos) y esta distribución abusiva y totalmente injusta de la riqueza por parte de los mercados sí tiene sus bendiciones, aunque esta ambición y rapiña en el sector financiero sea el origen de la crisis que padecemos.

La educación cada día es más importante y esto se pone de manifiesto sólo viendo que las empresas que más valor añadido y beneficios están consiguiendo son empresas como Facebook, Apple, Amazón, Google,Twitter, ..  que no son empresas industriales sino basadas en el talento y el conocimiento que sólo puede dar la educación. Europa no tiene futuro basándose en mano de obra barata o en recursos naturales, donde claramente estamos en desventaja comparativa, siempre hemos competido en conocimiento y avances científicos que no puede copiar cualquiera y la cantera son nuestros colegios y universidades.

La educación y la sanidad públicas son las únicas que están al alcance de toda la ciudadanía por igual, las que dan las mismas oportunidades y valoran a cada persona indistintamente de la clase social de la que proceden. Son las que pueden sacar adelante todo el potencial humano de la sociedad, redundando en mayor productividad y capacidad de desarrollo económico futuro.

Frente a todo esto está lo de siempre, más de lo mismo: la avaricia, la apuesta por hacer negocio con la más delicado de la condición humana sin importar las consecuencias, en lugar de rectificar este modelo que nos ha llevado a donde estamos, seguir profundizando en la injusticia social, desmontar una sanidad pública de las mejores del mundo y una educación que en muy pocos años y con mucho esfuerzo a conseguido escolarizar al 100% de la población porque partíamos en una carrera donde otros países habían salido años antes. El único recorte por el que hay que luchar es por el del fracaso escolar, que es una labor colectiva de toda la sociedad.

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