Desempleo, sistema financiero y politica económica.

Releyendo un artículo de una entrevista Alan Greenspan, expresidente de la Reserva Federal norteamericana donde vierte afirmaciones como “Estados Unidos puede pagar cualquier deuda que tenga, porque siempre puede imprimir dinero para hacerlo” o “el problema no es la deuda de Estados Unidos sino la profunda crisis europea, que amenaza con terminar con el euro y en ese caso no se sabe quien pagará”, pone de manifiesto el nivel de profundidad y estratégico que tiene esta crisis, donde la globalización o dolarización para ser más preciso ha creado un desastre económico total. Llevamos años con la maquinita de fabricar dólares para pagarse todo lo que necesitaban sin ningún control, aumentando la deuda exterior norteamericana a niveles estratosféricos. Las agencias de calificación que calculan sus beneficios en esa moneda no dicen nada, vayan a perderlos y prefieren atacar al euro. Esto no es casual, porque mientras atacan al euro distraen la atención de sus problemas y si lo tumban tampoco pasa nada, porque así su moneda no colapsará como moneda de cambio internacional.

El problema de todo esto es que pase le pase al dólar lo mismo que le ocurrió a las hipotecas subprime, que alguien se pregunte ¿cuánto valen realmente? y entonces empezarán los problemas. Se ha pasado de una situación inicial de apoyo entre países occidentales a un “sálvese quien pueda”, el problema, si no se han dado cuenta, es que así no se salva nadie. No existen nuevos comienzos, como pretende el Tea Party, todos vamos a seguir aquí al día siguiente y tenderemos que seguir entendiéndonos o no según los antecedentes y así nadie saldrá beneficiado. Por encima de Europa no se puede pasar gratuitamente sin que haya consecuencias, aunque algunos pretendan ignorarlo. Si Europa se pone seria, Alemania no juega a hacer lo mismo internamente y Gran Bretaña no se hace trampas al solitario, el problema lo van a tener otros, aunque lo pasemos mal en el camino. Al margen del papel que puedan jugar algunos países emergentes como China que tienen muchos dólares para colocar procedentes de esa misma imprenta de dólares.

A todo esto la intervención de los estados rescatando el sistema financiero, ha hecho que esa liquidez acabe comprándoles su propia deuda pública por la que tienen que pagar intereses brutales, superiores a los que el propio estado les cobra. El resultado es que el estado les presta el dinero y encima tiene que pagarles intereses. Esta liquidez no fluye por tanto a las empresas y particulares, porque invertir en deuda pública es más seguro y con unos intereses importantes. Además si le añadimos la falta de regulación financiera que provocó todo esto, que sigue sin cambiarse, donde los ejecutivos cobran sueldos escandalosos con privilegios incalificables, y que ahora abandonan en muchos casos el barco saltando por la borda con el botín en forma de planes de pensiones, indemnizaciones millonarias,…etc; el panorama sería solamente patético si no fuera porque hay personas que lo están pasando muy mal.

Toda esta fiesta, como siempre acaban pagándola los mismos, los que tienen una nómina y los que dejan de tenerla. Ahora parece ser que el problema son los contratos de trabajo y hay que cambiar la ley laboral. Es cierto que en España hay un problema, desde siempre, de desempleo estructural por muchas causas como el desajuste entre la oferta y la demanda, falta de adaptación de los actores económicos o la obsolescencia de algunos modelos productivos. Sin embargo una reforma laboral de por sí no va a solucionar la crisis, ni va a crear empleo, porque la causa del paro no es la legislación laboral sino una caída drástica de la actividad económica que ha dado lugar a una destrucción masiva de puestos de trabajo y mientras no se recupere la actividad económica, por muy buena que sea la legislación, no se volverá a crear empleo.

Esto no se conseguirá con políticas de ajuste y austeridad que destruyen empleo público y lo que es peor, al invertir menos frenan aún más la actividad económica y todos sabemos que para que haya generación de empleo debe crecer el PIB, en la medida que más crece más empleo se genera (como afirma la Ley de Okun). Estas políticas doméstica que exigen una alto sacrificio para conseguir equilibrios presupuestarios si se van de las manos pueden empeorar la situación, asfixiando la economía y alargando la salida de la crisis. Es cierto que se las cuentas deben sanearse, pero debe hacerse en plazos razonables que propicien el resurgimiento de la inversión, del crédito y del empleo.

Se ven en el horizonte propuestas de concentración del sistema financiero en menos entidades saneadas, creación de un banco “malo” que se quede con los “activos tóxicos” de morosos para que el resto de las entidades se dedique a dar créditos. El problema es ¿quién paga todo eso?. Tú que estás leyendo este artículo puedes responderte a ti mismo, porque la respuesta es muy sencilla.

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