La dictadura de los mercados sobre la política

Estamos asistiendo a una impunidad absoluta de los causantes de esta tragedia colectiva que está representando la crisis económica. Es más, como las políticas impuestas desde Europa están permitiendo que una élite privilegiada se esté enriqueciendo a costa del sacrificio de los trabajadores y pequeños empresarios. El colectivo de la gente joven además de padecer el mayor índice de desempleo ahora le añaden más trabas a su formación con recortes en educación y el acceso a la sanidad si no han trabajado previamente, es decir se les castiga doblemente.


En España a pesar de este panorama que va hacia seis millones de parados, no se han producido revueltas violentas, sino que este descontento se está canalizando a través de sindicatos, partidos políticos y movimientos como el 15M que revindican pacíficamente una sociedad más justa. Esperemos que ningún descerebrado pinche esta opción de manifestarse pacíficamente con libertad de expresión, pues esta tensión reprimida degeneraría en una olla a presión que podría explotar. Esto no es más que el comienzo de una batalla contra un sistema que se ha manifestado incompetente e inútil para corregir tanto desequilibrio, al mismo tiempo que ha puesto de manifiesto con toda crudeza sus vergüenzas.

El intento de los mercados de asaltar el poder político por encima de la voluntad popular y gobiernos, despojando a la ciudadanía de toda cobertura social, es algo que pagarán caro más adelante, pues esta injusticia quedará para siempre en la memoria colectiva y como ya se ha demostrado con otras formas de totalitarismo han sido derrotadas y han dado lugar a UNA CAUSA por la que luchar. Esta dinámica además ha puesto de manifiesto todos los defectos del sistema que antes pasaban desapercibidas, como son los privilegios, sueldos millonarios, defectos de funcionamiento y permisividad de determinados comportamientos, que a partir de ahora serán insoportables socialmente.


La prepotencia y la falta de conexión con las demandas ciudadanas, que son un clamor en la calle, pasarán factura sin lugar a dudas más pronto que tarde, pues esas decisiones están poniendo por encima a los grandes intereses de esta clase privilegiada, que los derechos básicos de las personas, haciendo recaer sobre ellas injustamente la factura, donde se ha dejado hacer sin ningún control de los gobiernos. Es más, pretenden adelgazar los estados que es el contrapeso que les puede estorbar en su hoja de ruta, para así tener las manos libres para hacer y deshacer.


La solución propuesta por esta élite neoliberal dominante en Europa ha sido una huida hacia adelante, que ha hecho recaer todo el precio de la crisis sobre la parte más débil de la sociedad, mientras el sector financiero está siendo rescatado con el dinero de todos, mientras éste sigue ofreciendo los mismos productos que al principio y sus directivos cobrando sueldos escandalosos como “premio” a la gestión que nos ha llevado a donde estamos, pues chantajean al estado diciendo que si se les deja caer nos hundimos todos. Se aplican las recetas del FMI que durante décadas llevaron a países hispanoamericanos a la miseria. Ahora quieren repetir la hoja de ruta de  Grecia que es una muestra de sus resultados y pretenden que todos sigan como ovejas que van al matadero.


Las soluciones claras que todos conocemos, como son la recuperación de la política frente a la economía (políticos que no sean los chicos de los recados del gran capital), mayor responsabilidad social de las empresas con sus trabajadores y la sociedad en general, una economía real por encima de la especulativa, cierre de paraísos fiscales y persecución efectiva del fraude sin paños calientes, impuestos altos para las operaciones especulativas y transacciones financieras; en definitiva que quienes más tienen más paguen. Pero a veces quienes tienen que decidir esto son directamente perjudicados o están mediatizados por instancias más poderosas que les impiden tomar esas decisiones.


Este fracaso del sistema capitalista no controlado por los estados puede degenerar en movimientos populistas y totalitarios con consecuencias impredecibles (aunque ahí está la historia), si los propios partidos políticos no son capaces de adelantarse y plantear soluciones justas sin demagogia, pues en caso contrario corren el riesgo de quedar al margen y sean otros quienes enarbolen las banderas del descontento social.

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