La Navaja de Ockham.

La Navaja de Ockham (Occam), principio de economía o principio de parsimonia (lex parsimonia), atribuido a Guillermo de Ockham un franciscano que vivió durante la época medieval, desde el 1285 al 1349 era , según el cual, «en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la correcta». La Navaja de Ockham se ha encontrado con multitud de oposiciones por parte de quienes la han considerado demasiado extrema o imprudente.[1]

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Se utiliza como una regla general para guiar a los científicos en el desarrollo de modelos teóricos. En el método científico, la navaja de Ockham no se considera un principio irrefutable, y no es un resultado científico. No hay evidencia de que lo más simple sea lo correcto. «La explicación más simple y suficiente es la más probable, mas no necesariamente la verdadera», según el principio de Ockham.

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Lo que pretende la técnica es encontrar solución a un problema eliminando todos los elementos innecesarios. La idea sobrevive desde la época de Aristóteles, quien planteaba que la perfección era igual a la simplicidad. [2] El principio de parsimonia nos ayuda a “rasurar” información para elegir entre un conjunto de modelos y fenómenos equivalentes el más simple.  Aunque en principio puede parecer algo trivial, es esencial para la construcción de decisiones.[3]

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