Europa necesita esperanza.

Cuando alguien está gravemente enfermo hay dos opciones: que acudan quienes realmente tienen la cura o que aparezcan los buitres para devorar su cadáver. Algo parecido está sucediendo con Europa, con los populismos, fascismos y nacionalismos, que surgen por doquier avanzando electoralmente, que con este diagnóstico tan grave que compartimos pretenden recetarle aspirinas y tiritas.

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El hartazgo social es tal por la falta de soluciones, por las políticas que infringen sufrimiento a amplias capas sociales, los casos de corrupción y la falta de ética de algunxs dirigentes políticos significativxs; son el caldo de cultivo para que esa indignación pueda ser reconducida hacia opciones equivocadas, especialmente si quienes deben rectificar no lo hacen. Esa falta de opciones deriva en una reacción visceral tal que, incluso afines a partidos tradicionales, estén dispuestos a votar a cualquier opción con la esperanza de que éstos cambien de una puñetera vez o se hundan del todo.

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Después de la Segunda Guerra Mundial que fue consecuencia de la anterior crisis, en Europa existía una paz social fruto de un consenso en torno a políticas de bienestar social. Pero los nuevos dirigentes llevados por la ceguera olvidaron la paz social y sólo vieron beneficios para ellos y sus amiguetes pensando que arrebatar el bienestar va a salir gratis, la crisis era la coartada perfecta para disfrazar medidas ideológicas como soluciones únicas. Antes de la crisis vivíamos en el sueño del Estado del Bienestar donde determinadas conductas reprobables o incluso delictivas eran ignoradas, pero a consecuencia de ella se han puesto en evidencia con toda virulencia; la gente se ha dado cuenta como en aquel cuento que el “rey está desnudo”.

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La gente ya no se conforma con el “gatopardismo” de cambiar todo para que todo siga igual, la actualidad y el curso de los acontecimientos supera a quienes no quieren reaccionar, la sociedad no va a permitir que le den gato por liebre, debe haber un cambio real en todo, y rápido. Quienes se ven superados y no están tomando medidas creíbles están entrando en la asíntota del poder, que deteriora la calidad de nuestra democracia.

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El problema de un sistema corrupto y en descomposición es cuando, en lugar de los socorristas, aparecen los populismos, nacionalismo y totalitarismos, como ya sucedió en Europa después de la crisis del 29 en países como Alemania o Italia, dando lugar a regímenes totalitarios.

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El congreso debe aprobar unas medidas de transparencia, limpieza pública y mucha prevención de la corrupción para que no pueda suceder. Ir a las causas, porque cada vez que se condena a un político por corrupción es un fracaso de los métodos de control y prevención, y aunque las condenas sean ejemplares el daño ya está hecho. Debe haber una financiación suficiente de los partidos políticos, la ciudadanía sabe que la democracia cuesta dinero.

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Los milmillonarios se han duplicado durante la crisis en todo el mundo, aumentando la desigualdad. No es una crisis: es una estafa masiva. En la inmensa mayoría de los casos los corruptores son privados, comprando políticos se aseguran contratos y legislaciones que les permiten amasar fortunas y riquezas. Debe haber una persecución de la corrupción privada, especialmente de quienes se relacionan con la administración pública. Existen patrimonios y “trenes de vida” difícilmente justificables con los ingresos familiares lícitos que se declaran y eso en sí debería ya ser directamente un delito.

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A nivel internacional el empecinamiento de Merkel y otros en imponer rescates a los bancos, impidiendo el de la ciudadanía, acompañado de austeridad y “reformas ideológicas” estructurales a cambio de los rescates. Se ha primado sobre todo el equilibrio presupuestario y los superávits comerciales sacrificando la demanda interna y empobreciendo a los países del sur de Europa, sin ser conscientes que han parado en seco sus economías y de rebote las suyas. No se han escuchado las propuestas de eurobonos, permitir al BCE actuar como prestamista de última instancia, la unión bancaria, unión fiscal y política, estímulo de su demanda interna…, la respuesta ha sido “nein”. El resultado es la catástrofe a la que hemos llegado y con un daño social irreparable ya, llevando a Europa a la mayor crisis política de los últimos tiempos.

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La fragmentación política a la que nos vemos avocados en España puede hacer que la gobernabilidad sea paralizante e imposible. Hay personas que todavía no se creen que cualquiera pueda llegar a presidir el gobierno, sin ni siquiera conocerlo ni contrastarlo. Recuerdo que votamos a Chiquilicuatre para Eurovisión.

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