Se consolida la era de la postverdad.

Podemos poner una foto manipulada, una afirmación o un documento falso en las redes sociales, para que sea difundido millones de veces y para que esta invención se convierta en noticia e incluso sea un hecho, y que ya no se sepa en qué creer. Umberto Eco decía de las redes sociales que eran el único lugar donde tenía la misma relevancia la opinión de un Premio Nobel que la de un alcohólico del bar de la esquina, siendo una fuerza corrosiva antisistema que podría destruir la confianza en la opinión de expertos e instituciones. El diccionario Oxford ha proclamado que “postverdad” (Post-truth) es la palabra internacional del año. El concepto de “post-truth politics” lo popularizó la revista The Economist en el artículo Art of the lie, aunque el concepto es más antiguo.

El triunfo de Donald Trump o el “Sí” al Brexit y otros fenómenos populistas internacionales  han provocado su “gran impacto en la conciencia nacional e internacional”. La postverdad se produce cuando en determinadas circunstancias, los hechos son menos influyentes sobre la opinión pública que las emociones o las creencias personales. “Trump es el máximo exponente de la política ‘post-verdad’, (…) una confianza en afirmaciones que se ‘sienten verdad’ pero no se apoyan en la realidad”, escribió la revista The Economist.

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La maldad humana: ¿los malvados saben que lo son?

El tema del mal o la existencia de maldad es muy antiguo y a lo largo de la historia ha tenido múltiples explicaciones o interpretaciones, tanto desde el punto de vista religioso, filosófico, neurocientífico,… etc. Una cosa está clara, el mal existe y se pone en evidencia cada día en acciones concretas. Y otra cosa es evidente, los que perpetran esas acciones no se consideran desde su punto de vista como personas malvadas, incluso en algunos casos se consideran víctimas, y justifican sus acciones en base a distintas excusas. Como decía Baudelaire “jamás es excusable ser malvado, pero hay cierto mérito en saber que uno lo es”.

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Dilema del tranvía: ¿decidirías salvar a más personas, aunque muera una inocente?

Un tranvía corre fuera de control por una vía. En su camino se hallan cinco personas atadas a la vía que morirían atropelladas. Una persona en el andén puede accionar un botón que lo desvíe a una vía diferente, pero en esa otra vía hay otra persona atada a ésta que también moriría. Las cuestiones serían: ¿Cómo actuaría? ¿Debería pulsarse el botón o no hacer nada?¿Está bien que muera una persona para salvar a cinco?. Es un experimento mental que inició e ideó la filósofa británica Philippa Foot.

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